Introducción

Antonio Cabrales, Juan José Dolado, Florentino Folgueroso y Pablo Vázquez

Al igual que el resto de la sociedad española, los economistas con un perfil más investigador estamos muy preocupados por la intensidad de la crisis actual que experimenta nuestra economía en el contexto de la crisis global que nos asola.

Esta es una de esas ocasiones en que sus opiniones deben estar presentes en el debate público. En este libro electrónico (e-book) se recogen algunas reflexiones de un grupo de economistas de reconocido prestigio sobre los orígenes y efectos de la crisis en nuestro país, así como propuestas específicas y solidamente argumentadas para salir con rapidez y fortalecidos de la misma. Afiliados a universidades y centros de investigación, dentro y fuera de nuestro país, su rasgo común es la larga experiencia acumulada, a través de sus investigaciones, sobre aquellas características de nuestra economía que la hacen especialmente vulnerable ante cambios negativos en el ciclo económico.

¿Por qué lo hacen? Sin duda porque la ocasión lo merece –no nos hemos visto en circunstancias parecidas en mucho tiempo- y porque modestamente piensan que su opinión puede arrojar algo de luz en el debate público al contar con herramientas analíticas para interpretar lo que está ocurriendo y lo que pueda acontecer en el futuro dependiendo de las acciones que se adopten.

FEDEA ha servido de vehículo para canalizar esta iniciativa. Los coordinadores estamos vinculados de una forma u otra a este centro de investigación e implicados en convertirlo en un referente en el análisis de políticas públicas. Con ese objetivo y en las circunstancias que estamos viviendo, era natural tratar de reflexionar junto a algunos de nuestros colegas sobre la crisis.

Esta colección de artículos tiene un carácter marcadamente técnico, no político.
Cada artículo es responsabilidad de quien lo ha firmado. Sin duda, faltan muchos economistas que habrían podido realizar aportaciones muy valiosas, pero hemos priorizado la posibilidad de ser –por una vez- rápidos en lugar de exhaustivos.

Dada la variedad de los temas tratados y de los autores que han escrito los artículos, realizar un resumen de conclusiones principales parecería arriesgado. Más aún si recordamos la leyenda que atribuye a seis economistas, preguntados por el Parlamento británico por una cuestión de política económica, siete opiniones distintas. Dos de ellas procedentes de John Maynard Keynes. Pero, como decíamos antes, la ocasión requiere algo de atrevimiento, y el lector atento notará algunas lecciones generales importantes que surgen de la lectura global de los artículos.

Una primera conclusión es que la crisis actual va a suponer un cambio profundo del modelo de crecimiento. El problema es que nadie, y menos el gobierno (ni, sintiéndolo mucho, la oposición de cualquier color) sabe cuáles serán los sectores de la economía que van a sobresalir en los próximos años. Esto es algo más que una perogrullada. Si el cambio va a ser profundo es importante que los recursos productivos, capital, trabajo, tecnología, tengan facilidades para desplegarse lo más rápidamente posible en los nuevos motores del crecimiento para que éste realmente se pueda producir.

¿Cómo podemos conseguir este objetivo? No manteniendo artificialmente sectores moribundos. La evidencia histórica en este punto es concluyente. Tanto para países en desarrollo como para países desarrollados, mantener vivas a empresas sin futuro es condenar a la economía a décadas de atraso. Por tanto, las promotoras que no puedan vender los pisos que comenzaron durante los años del paroxismo inmobiliario deberán desaparecer. La liquidación deberá ser ordenada, pero no debemos caer en la tentación de subsidiar pisos “de protección oficial” para salir de la coyuntura, ni mejorar el tratamiento fiscal de la vivienda. En todo caso habría que reducir las desgravaciones a la compra de vivienda. La misma lección debería extenderse a otros sectores, como el del automóvil. Hay que invertir en infraestructuras, pero solamente las que hagan falta. Mejorar el transporte de mercancías en carretera o ferrocarril, e invertir en puertos y “autopistas del mar” es mucho más importante, aunque quizá menos agradecido para un político, que inaugurar una nueva línea de alta velocidad, un fastuoso aeropuerto o una autopista a ninguna parte.

Para que salgamos de la crisis, los trabajadores se deben recolocar en los sectores emergentes. Y para que estos sectores quieran contratar es importante que el mercado de trabajo goce de suficiente flexibilidad. Por poner algunos ejemplos, es urgente que se reformen los convenios colectivos para permitir cláusulas de descuelgue sencillas para aquellas empresas que sufren problemas más severos. Es importante que las políticas de formación de los desempleados sean ampliadas generosamente y luego evaluadas muy duramente por sus resultados. También sería bueno que los desempleados puedan elegir el servicio de recolocación, público o privado, que les convenga más. La política fiscal también puede ayudar. Nuestros expertos dicen que una rebaja de los impuestos sobre el trabajo tiene un impacto contra la recesión y el desempleo mucho mayor que cualquier otra medida de política fiscal.

Y, como una pieza más de este rompecabezas, habría que volver a pensar la estructura de contratos y las indemnizaciones por despido. El contrato debería ser único, eliminando el cáncer de la temporalidad, pero la indemnización por año trabajado podría ir creciendo con la antigüedad en la empresa. Se podría también intercambiar un alargamiento de la prestación por desempleo por una reducción de la indemnización por despido. Al mismo tiempo, y para impedir que las empresas abusaran del bien público que representa la prestación por desempleo, se podría hacer que las cuotas patronales a la seguridad social dependieran de la historia de despidos de una empresa.

El capital debe poder desplegarse también con rapidez en los sectores que lo necesiten. En este punto, los bancos y otras instituciones financieras desempeñan un papel tan importante que deben recibir una atención especial del Estado. En primer lugar por su carácter de proveedor universal, que propagaría con mucha rapidez un fallido a todos los sectores de la economía. También por la fragilidad esencial que se deriva de que muchos de sus activos (préstamos) tienen plazos muy largos, pero los pasivos (depósitos) pueden retirarse en cualquier momento. El Banco de España debe seguir cumpliendo bien su labor supervisora, pero debería vigilar más los excesos de concentración crediticia, como el que han sufrido en el pasado reciente algunas instituciones en créditos al promotor.

Para el futuro, un buen mandamiento es no intentar dictar a las instituciones financieras a quién tienen que prestar ni cuánto. La financiación es más escasa que en el pasado, porque España es un país que invertía más que ahorraba y pagaba parte de la inversión con fondos extranjeros. Un capital que ahora se ha retraído notablemente. En un contexto de elevada morosidad, los banqueros deben actuar con prudencia para evitar males mayores. Y las empresas deben acomodarse a este nuevo panorama. Esto implica, quizá paradójicamente, que algunas innovaciones financieras deben reforzarse. Las empresas punteras necesitarán capital y éste no debería venir en su totalidad de bancos, sino de fondos de inversión especializados. Los cuales, como otras innovaciones financieras, precisan de un marco regulador renovado.

Hemos hablado de capital y trabajo, nos queda la tecnología. La economía española es poco productiva. Para gestionar este retraso debemos dar prioridad a la educación, la ciencia y la I+D. El retraso de España en la educación secundaria, como se desprende por ejemplo del examen internacional de PISA, es escandaloso. Se debe profundizar en la evaluación de los resultados escolares y promover premios a los docentes que consiguen mejoras sustanciales en los mismos. Los colegios deben disponer de más herramientas disciplinarias y toda la sociedad debe recuperar la cultura del esfuerzo y el premio a la excelencia estudiantil.

En ciencia y tecnología hemos mejorado algo en el pasado reciente, pero seguimos siendo pacatos a la hora de premiar a los buenos investigadores. Un país que puede pagarse a los mejores futbolistas del mundo debería relajar las estructuras funcionariales para poder pagar a los mejores investigadores lo que valen. Y son caros, pero mucho menos que un futbolista de élite. Y también se puede medir muy bien su productividad. Las publicaciones científicas y las citas de sus artículos son el equivalente a los goles y partidos ganados. Y ya que hablamos de ciencia comparándola con el fútbol, es buen momento para recordar que el aumento en el gasto público en ciencia ha sido mucho mayor que el privado en los últimos años. Las empresas deben darse cuenta de que su supervivencia en tiempos difíciles pasa por la innovación.

Hay otras reformas importantes para el futuro, incluido el futuro inmediato. La justicia es lenta e ineficaz. Lo mismo puede decirse de la Administración Pública. España es el país de la OCDE en el que cuesta más tiempo y esfuerzo abrir un nuevo negocio. Los retrasos en el pago a sus acreedores por parte de las administraciones son casi inmorales. La política de defensa de la competencia tampoco debe olvidarse. Posiblemente el error más grave del New Deal rooseveltiano fue relajar la política antimonopolio.

Las crisis traen muchas cosas malas, pero también muchas buenas. Para los que están preparados son una oportunidad de crecer y ganar. Pero la lección más importante del pasado es que para beneficiarse de las crisis hay que dejar que gane el mejor, el más productivo. No el que tenga más amigos en las altas esferas o el que llore más.

A todos los autores nuestro agradecimiento más sincero.

Los coordinadores:

Antonio Cabrales (Universidad Carlos III & Fedea)
Juan José Dolado (Universidad Carlos III)
Florentino Felgueroso (Universidad de Oviedo & Fedea)
Pablo Vázquez (Universidad Complutense & Fedea)

  
 
 
Antonio Cabrales
Antonio Cabrales es Profesor de la Universidad Carlos III de Madrid, Director de la Cátedra FEDEA-Banco Sabadell y Codirector de la Cátedra FEDEA-Santander. Es Doctor en Economía por la Universidad de California, San Diego (1993). Sus principales áreas de investigación son la economía de las organizaciones y el diseño de instituciones.
 
Juan Jose Dolado
Juan José Dolado es Profesor de la Universidad Carlos III de Madrid, co-editor de la revista académica Labour Economics y miembro electo del consejo ejecutivo de la European Economic Association. Es Doctor en Economía por la Universidad de Oxford (1988). Sus actuales áreas de investigación son la economía de la educación y la economía laboral.
 
Florentino Felgueroso
Florentino Felgueroso es Profesor de la Universidad de Oviedo, Codirector de la Cátedra FEDEA-Santander e Investigador Afiliado del CEPR. Es Doctor en Economía por la Universidad de Oviedo (1999). Sus principales áreas de investigación son la economía laboral y la economía de la educación.
 
Pablo Vazquez
Pablo Vázquez es Director Ejecutivo de FEDEA, donde también es Director de la Cátedra FEDEA-Banco Popular. Es Profesor en la Universidad Complutense, siendo Doctor en Derecho por esta misma universidad (1992). Sus principales áreas de investigación son el análisis económico del derecho, la economía laboral y la economía de la salud.
 
eBook

Descargar el eBook La crisis de la Economía Española: Lecciones y Propuestas

Este artícula forma parte del libro editado por FEDEA y Sociedad Abierta "La Crisis de la Economía Española. Lecciones y Propuestas". Descárguelo y distribúyalo libremente.